Indudablemente una de las festividades significativas
implantadas desde la época colonial, es
la Semana Santa ayacuchana; donde creyentes y no creyentes son partícipes de
las diferentes actividades, especialmente vinculadas a la fe católica, como las
imponentes procesiones de: Domingo de Ramos, Señor de la Agonía, Señor de la
Parra; Señor del Huerto, Señor de la Sentencia, Miércoles del Encuentro, Jueves
Santo, Viernes Santo, Pascua de Resurrección, así como las ferias agropecuarias
desarrolladas en un marco de orden y respeto.
La Semana Santa, principalmente era un momento de
recogimiento, reflexión espiritual; sin embargo, estos últimos años se ha
convertido en una semana de libertinaje, desorden, caos vehicular, delincuencia,
especulación y aprovechamiento en incrementar los costos en todo orden de
cosas: Restaurantes, alojamientos, pasajes interprovinciales, etc.
El Sábado de Gloria y amanecer del Domingo de Pascua de
Resurrección, la plaza mayor (Parque Sucre) se ha convertido en una cantina y
urinario público- un muladar-; ¿A qué se debe esta situación?, ¿Somos los
propios ayacuchanos, ayacuchanas que generamos esta actitud de desprecio a la
tradición de nuestro pueblo?, ¿O son los/las “turistas” de otras ciudades del
país?.
Esta distorsión cultural, debe corregirse sobre
la base de una educación pertinente desde la escuela, de la propia ciudadanía y
sobre todo de las autoridades competentes. Creo que fue un avance, el hecho de
suspender el “TORO CHUTAY- JALA TORO” , bien por ello, pero estas medidas
tienen que ser articuladas y sostenidas, a fin de recuperar las buenas
costumbres con respecto a nuestro medio - la pachamama - y a su ciudadanía.
Publicado en Diario el Correo
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