sábado, 4 de enero de 2020


IRONÍA ENTRE LO QUE SE DICE Y LO QUE SE HACE

El estudiante propicia la vida en democracia a partir del reconocimiento de sus derechos y deberes y de la comprensión de los procesos históricos y sociales de nuestro país y del mundo”; donde el estudiante “…  Reflexiona críticamente sobre el rol que cumple cada persona en la sociedad y aplica en su vida los conocimientos vinculados al civismo, referidos al funcionamiento de las instituciones, las leyes y los procedimientos de la vida política. Analiza procesos históricos, económicos, ambientales y geográficos que le permiten comprender y explicar el contexto en el que vive y ejercer una ciudadanía informada…” (CNEB).

Por otra parte, se predica que el estudiantado debe desarrollar el pensamiento crítico, ejercer plenamente su ciudadanía, y que existe libertad de expresión, entre otros. “Los docentes promueven formas de participación estudiantil que permitan el desarrollo de competencias ciudadanas, articulando acciones con la familia y comunidad en la búsqueda del bien común” (CNEB).

Sin embargo, a raíz de que un colectivo de adolescentes (escolares) salen a las calles a expresar y mostrar su disconformidad sobre situaciones que afectan a sus derechos e intereses, inmediatamente cierto sector de medios de comunicación, así como autoridades del sector educación evidencian una campaña de descalificación, desacreditación y adjetivación de violentistas y manipulados por “adultos extremistas”.

Si eso es la lógica, entonces ¿cómo se entiende el pleno ejercicio de la ciudadanía de los y las adolescentes en la búsqueda del bien común?, la verdad, no se comprende de estas actitudes hipócritas, o ¿quiénes son los “privilegiados” de ejercer la ciudadanía?

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