IRONÍA ENTRE
LO QUE SE DICE Y LO QUE SE HACE
“El estudiante propicia la
vida en democracia a partir del reconocimiento de sus derechos y deberes y de
la comprensión de los procesos históricos y sociales de nuestro país y del
mundo”; donde el estudiante “… Reflexiona
críticamente sobre el rol que cumple cada persona en la sociedad y aplica en su
vida los conocimientos vinculados al civismo, referidos al funcionamiento de
las instituciones, las leyes y los procedimientos de la vida política. Analiza
procesos históricos, económicos, ambientales y geográficos que le permiten
comprender y explicar el contexto en el que vive y ejercer una ciudadanía
informada…” (CNEB).
Por otra parte, se predica que
el estudiantado debe desarrollar el pensamiento crítico, ejercer plenamente su
ciudadanía, y que existe libertad de expresión, entre otros. “Los docentes
promueven formas de participación estudiantil que permitan el desarrollo de
competencias ciudadanas, articulando acciones con la familia y comunidad en la
búsqueda del bien común” (CNEB).
Sin embargo, a raíz de que un
colectivo de adolescentes (escolares) salen a las calles a expresar y mostrar
su disconformidad sobre situaciones que afectan a sus derechos e intereses,
inmediatamente cierto sector de medios de comunicación, así como autoridades
del sector educación evidencian una campaña de descalificación, desacreditación
y adjetivación de violentistas y manipulados por “adultos extremistas”.
Si eso es la lógica, entonces
¿cómo se entiende el pleno ejercicio de la ciudadanía de los y las adolescentes
en la búsqueda del bien común?, la verdad, no se comprende de estas actitudes
hipócritas, o ¿quiénes son los “privilegiados” de ejercer la ciudadanía?
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